Identificar la emoción y la sensación: cuando algo cambia en nuestro organismo como reacción a un factor externo o a nuestros propios pensamientos, debemos preguntarnos “¿qué siento?”, “¿qué síntomas físicos estoy experimentando?”, “¿cuál es su causa?”, “¿por qué aparecieron ahora?”.
Aprende a reconocer tus sentimientos: una vez que hayas identificado las emociones y sensaciones que estás experimentando, debes analizar la causa. Intenta hacer una lista de todas las emociones y pistas físicas que la delatan.
Presta atención a la reacción de tu cuerpo: las emociones son desencadenadas por los sistemas nerviosos límbico y autónomo, y al principio son difíciles de manipular. Tómate un tiempo y deja que la emoción se enfríe, para que luego puedas reflexionar más claramente sobre ella y sobre las decisiones que debes tomar.
Presta más atención a tu respuesta que a la situación: Crees que la situación que te pone nervioso es la causa de todo, pero el verdadero problema es tu respuesta emocional. Mírate a ti mismo y te darás cuenta que es tu respuesta la que te paraliza, independientemente de si estás ansioso porque no encuentras un documento importante o porque has recibido una multa injusta. Sólo tú puedes cambiar tu reacción.
Expresa tus emociones de forma adecuada y equilibrada: Una vez que entiendas lo que te sucede, podrás expresar tus emociones de forma más controlada. Aún tienes que aprender algunos pasos para entender mejor cómo hacerlo.
Experimenta más de cerca la relación con tu cuerpo: cuando sientas esas emociones, marca la parte del cuerpo donde se manifiestan. Dales un color y una textura, ubícalos en un área específica e intenta identificar una relación específica para cada uno de ellos. Tú contienes todas esas partes y emociones, ellas no te poseen.
Intenta ser honesto acerca de lo que sientes y haces: si realmente te sientes indiferente hacia esa persona, ¿por qué sigues esforzándote tanto por complacerla? Si estás irritado, incómodo o enojado, ¿por qué evitas hablar de ello para aclarar la situación?
Elige el mejor momento para expresar tus emociones: de nada sirve querer tener una conversación constructiva con tu jefe si eliges el momento equivocado. Examina atentamente la situación, a las personas que te rodean y a ti mismo y decide cuál es el momento más conveniente.
Utilice una comunicación positiva: tono amigable, escucha activa, contacto visual y utilice frases como “Me siento un poco estresado”, en lugar de “La situación en la empresa me estresa”. Evitarás una discusión y, al explicar la situación, la otra persona entenderá implícitamente que tu estrés es causado por el trabajo.
Utiliza tu cuerpo para ayudarte a expresar lo que sientes: si tienes que explicar que te sientes estresado, colocar tu mano sobre tu corazón, cabeza o vientre hará entender a la persona con la que hablas que estás experimentando sensaciones desagradables y que sería bueno, tanto para ti como para los demás, que la situación mejorara.
Visualiza y localiza tus emociones: eres tú la persona encargada de gestionar tus sentimientos, sin reprimirlos ni ocultarlos, simplemente siendo consciente de que debes expresarlos para desahogarte y hacerte entender por los demás.